¿Vivir en una Isla vuelve más Mansos a los Animales?

En las Islas Galápagos, bastantes animales se comportan de un modo insólito: A diferencia de lo que ocurre en otros hábitats, no muestran apenas miedo ni agresividad hacia los humanos que prueban a amenazarles. Se diría que la idea de un depredador capaz de atacarles para comérselos se ha borrado casi por completo de la memoria colectiva grabada en sus instintos y genes. Charles Darwin ya se percató en su día de este curioso fenómeno, y desde entonces son muchas las observaciones que se han hecho del mismo.

Darwin asumió que el comportamiento de esos animales denotaba el efecto de la evolución: Los organismos también evolucionan perdiendo estructuras, funciones y conductas que ya no necesitan porque su entorno ya no se las exige. Darwin llegó a la conclusión de que ese comportamiento sin miedo ni agresividad se había impuesto evolutivamente tras muchas generaciones viviendo en un hábitat isleño sin apenas depredadores.

Un lagarto adulto del género Phrynosoma. (Foto: Theodore Garland, Universidad de California en Riverside)
Sin embargo, más de 150 años después, aún persistían algunas dudas científicas sobre la veracidad de esa conducta y su relación con el carácter isleño del hábitat, como sucede con las cosas que parecen tan obvias que nadie se ocupa de documentarlas científicamente.

Ahora, un estudio realizado por el equipo de Theodore Garland, de la Universidad de California en Riverside, y sus colegas de otras universidades también en Estados Unidos, aclara la cuestión de manera aparentemente definitiva.

Dicho estudio demuestra que ciertamente los lagartos isleños son ingenuos, confiados y en definitiva dóciles, en comparación con sus parientes continentales. Los investigadores fueron capaces de acercarse a los lagartos isleños más cerca de lo que podrían acercarse a los de territorios continentales. Los resultados de sus experimentos demuestran que la distancia más pequeña a un depredador potencial (en este caso un humano) que un lagarto isleño tolera antes de apartarse por precaución, disminuye a medida que aumenta la distancia entre la isla donde vive y el territorio continental más cercano.

Estos resultados confirman las observaciones científicas iniciales de Darwin y los testimonios populares de lugareños y turistas acerca de la ingenuidad de bastantes de los animales que viven en dichas islas.